domingo, 25 de abril de 2010

Sin filtro, sin llenazón, fuera de control...and loving it!

Cansancio, inicios de depresión, soledad, angustia, insomnio, preocupación...todos estos son síntomas que me acechan un poco más seguido de lo que me gustaría aceptar, especialmente los domingos, y sobretodo después de una semana ajetreada ya sea a nivel social, profesional o emocional. Hoy lamentablemente no es una excepción. La semana que agoniza fue definitivamente de las más intensas y divertidas que recuerdo desde hace varios meses.
Tengo que confesar que lo que me sucede no es culpa de los compromisos sociales previamente adquiridos. Ni de la carga de trabajo. Ni de amigos sonsacadores (aunque si lo sean, siéntanse aludidos). Creo que mi composición genética no es la más adecuada para llevar una vida tranquila, sana y sin sobresaltos. Ya no estoy tan jóven para establecer que mis usos y abusos son válidos porque "estoy en la edad", y por más que lo pienso no encuentro una razón bien sustentada de porque no me puedo controlar. O más bien, porque no me quiero controlar. De porque me encanta que se me caliente el hocico y pierdo el control, disfrutándolo segundo a segundo.
Dicho lo anterior, si tuviera que aventurarme a dar una respuesta a la pregunta ¿porqué chingaos no aprendo?, ésta sería: porque me la paso demasiado bien. Si, tan inmaduro, simple y llano como eso. El hacer lo que hago con mi tiempo de ocio me ha abierto las puertas a experiencias inolvidables que rayan en lo surreal. A grandes historias que causan la misma risa y admiración cada vez que son contadas. A amistades que salen de los lugares más inesperados y que perduran por mucho tiempo. A conocer a ese alguien que te trae de nalgas toda la semana hasta que la vuelves a ver. A errar, a acertar, a sentir, a pensar, a reír sin control. A fortalecer lazos con los amigos, con la familia que uno escoge. Si, definitivamente son esos momentos los que hacen que las frustraciones del día a día y de la cotidianeidad queden atrás y valgan la pena. Aunque suene trillado y a rola dance noventera: el fin de semana lo es todo.
Claro que no quiero que mi amor desbordado por la fiesta me dure toda la vida. En el fondo soy un tipo con aspiraciones más mundanas y relajadas. Quiero trabajar en algo que me guste y conseguir un cierto éxito económico, que me permita viajar, comprar una casa y facilitarme un poco la vida. Quiero conocer a esa mujer que sea todo a todas horas, que me haga sonreír de manera casi ininterrumpida; que me rete, que ría conmigo. Quiero tener chamacos, pienso que seré un buen papá. Quiero disfrutar de los domingos en familia, aunque sea un poco difícil de creer para los que me conocen. Quiero verme tetísimo con mis Dockers y camisa a cuadro, con el cuerpo de un modelo retirado hace 25 años, y aún sentirme el guey más chingón estando con las personas que quiero. Quiero dormirme a las 10. Quiero que mi idea de diversión sea una cena y un cinito, no un descontrol continuo.
Pero todo a su tiempo. No tengo prisa para crecer, entendido lo anteriormente descrito. Creo que en el fondo soy un tipo responsable y serio, que va bien encaminado. No hay nada más maduro que levantarte a trabajar después de changuear hasta las 4 am, ¿o si? Pienso que si no pruebo y hago de todo ahora que no tengo responsabilidades (novia/esposa, pasar "pal gasto"), no lo haré nunca. Y lo que no quiero hacer es convertirme en el ruco ridículo que cree que tiene 26 años. Y se trata de ligar a chavillas de 20. Si me lees y eres ese ruco, disculpa adelantada.
La única pieza que falta es una compañera. Y cuando digo compañera, quiero decir precisamente eso: alguien con quien compartir experiencias. Simple como eso. Nada de noviazgos forzados, ni de ¿"porque no me contestas"?, ni ¿"qué quisiste decir cuando escribiste 'equis' en el messenger"? ni nada de esos convencionalismos castrantes. Quiero encontrarla, pero quiero que fluya lo que surga entre nosotros. Así que se aceptan CVs, preferentemente con fotos.
Definitivamente esta entrada termino siendo un poco diferente a lo que imaginé cuando la empecé. Pero creo que esa es la belleza de escribir lo que salga de mi caverna cerebral.

domingo, 11 de abril de 2010

No importa

Lo único que quiero hacer es verte sonreír. Me llena de alegría cuando te contemplo, sonriente, debido a algo que dije o que hice. Debido a algo imaginario, a algo real, a algo pasado o futuro. Tu sonrisa me conmueve de manera demasiado profunda. No se si son inicios de un capricho, de enamoramiento, de algo pasajero o de algo que puede cambiar mi vida. Solo se que al verte sonreír me deshago, y pienso que no soy digno de tan bello espectáculo.
Ha pasado bastante tiempo desde que me sentía así. He de ser sincero: es mi culpa. Pasé demasiado tiempo sacando los esqueletos del armario, preparándome para la caída, desarrollando un grueso caparazón. Orillándome a pensar que la próxima vez tenía que ser la definitiva, que no había espacio para errar, que no me podía quebrar el corazón de nuevo. Pero eso es falso, y resultó ser un gran error. No puedo pensar en amar. Sólo lo puedo sentir. Y tengo que ser vulnerable para realmente experimentar todo lo bueno y lo trágico que es compartir todo con alguien.
No tengo idea si este plan me funcionará. Si tendré suerte en alcanzarlo. En alcanzarte. No se si caeré de manera estrepitosa, no se si podré recuperarme si eso sucede. Pero algo ha cambiado en mi. Ya no me importa. Ya no me importa no saber. Ya no me importa si duele.

domingo, 4 de abril de 2010

Temblor y terror

Tu eres el único fragmento de mi ser que quedó intacto tras el temblor.
Todo lo demás, herido y difuso, cambió tanto desde entonces que es casi irreconocible. Mi corazón, antaño piedra angular de lo que conoces como 'yo', perdió su forma. Diluido, hoy se asemeja a un globo desinflado. Mi cerebro, astuto elemento de mi humor, fiel acompañante de mis discursos internos, saboteador de mis emociones, es un remedo de lo que llegó a ser. Ahora se satisface llevando a cabo las funciones más básicas, que me mantienen vivo y muerto a la vez.
Mi espíritu, a veces tosco, a veces encantador, luchador incansable de mil batallas y con una capacidad de supervivencia suprema, es practicamente un innerte vegetal. Bosteza, gime, se queja, duerme en exceso. Solloza. Mis ojos, aquellos que "te abrieron un nuevo universo" y que te encantaban, no precisamente por su tamaño (ya que pequeños permanecen), se han tornado sequísimos, cual flores marchitas. Ya no coquetean, ya no se abren de par en par cuando sorprendidos, ya no confiesan, ya no mienten, ya no revelan. Ya no se rebelan.
Mis manos, que kilómetros recorrieron en ti, que abrieron puertas y ventanas, que dejaban entrar la luz, que arreglaban, que formaban contornos en el aire cuando explicaban algo (a veces importante, a veces sublime, a veces absurdo), palas pequeñas y obsoletas son hoy. Se esconden al tacto, no aguantan ser expuestas al público, no explican nada. Nada hacen ya.
Tu eres el único fragmento de mi ser que quedó intacto tras el terror.
Mis labios, que tantas satisfacciones te dieron (corrijo: me dieron a través de ti), que abrieron horizontes, que tranquilizaron peleas, que te robaron besos sólo para regresártelos, tiemblan pavorosamente. Continuamente. Sin cesar. Mi pecho, antiguo baúl y refugio de sueños, deseos, planes, anhelos, añoranzas. Lugar que te refugió tanto tiempo. Tu almohada predilecta. Hoy es una cueva, un hueco, un hoyo negro. Vacío.
Mis brazos. Antes: soporte, tentación, simetría, balance, fuerza, vigor. Ahora: debilidad, flacidez, miedo, soledad. Mi sonrisa que llegó, en tus palabras, a alumbrar como el fuego mismo, a prometerte tantas cosas y a cumplirte algunas de ellas, a enamorarte, a enamorarte... hoy no tiene efecto alguno. Da miedo. Perfora y enloquece, negativamente.
Tu eres el único fragmento de mi ser que quedó intacto tras el temblor, tras el terror, tras la caída, tras la penitencia, tras el infierno, tras la redención. Tu eres lo único inamovible. Tu eres porque si, sin mayor explicación.

Yo soy, tu eres, nosotros somos....

Eventual, falso, repetitivo, cotidiano, convencional.
Sumiso, impotente, cobarde, hipócrita, fuera de control.
Predecible, insípido, rutinario, intolerante, incontenible.
Admirable, bienvenido, repulsivo, solitario, triste.
Humano, real, insufrible, aletargante, cómico.
Fugaz, hartante, voraz, vacío, inseguro.
Sofocante, presuntuoso.

domingo, 21 de marzo de 2010

Corazón

El corazón no acepta disciplina, ni razones, ni le interesa saber que es lo "correcto". El corazón vive totalmente aislado de juicios de valor. El corazón es definitivamente el músculo más bruto de nuestro cuerpo, no entiende absolutamente nada. El corazón se asemeja a un animalito que, si bien ha sido dañado por el fuego, regresa continuamente al centro de la hoguera. Al corazón no le interesa de donde proviene aquella que lo hace latir: su historia, sus modos, sus intenciones, su pasado, su presente. Nada de eso le interesa. El corazón es impulsivo y juvenil. El corazón es como un niño o como un ebrio: siempre dice la verdad. El corazón no es celoso, sabe que usualmente debe de vivir encubierto y que pocas veces es mostrado en público. El corazón lo entiende porque en el fondo sabe que es frágil, como palito de pan. El corazón es lo único que me queda, y sin embargo últimamente lo he tratado demasiado mal. Lo tengo abandonado, desorientado, confundido, falto de práctica. Es más, lo tengo como infante regañado: no lo dejo salir a jugar, a divertirse, a mostrarse, a conocer. El corazón es bueno para seguir adelante, pero nunca olvida. El corazón no es vengativo. El corazón es bondadoso, le gusta cuidar a los demás. El corazón te hace escribir, recitar poemas, respirar profundo, verla a los ojos y sonreír. El corazón se quiere salir del pecho cuando ella se va. El corazón es como Chuck Norris, puede estar en mil lugares al mismo tiempo. Pero siempre sabe dónde y con quién está su hogar. El corazón no es penoso, al menos no como su portador. El corazón tiene tanto que dar. El corazón tiene mucho tiempo y es paciente, pero quiere que no lo olvides. El corazón está ávido de acción. Al corazón le caga el cerebro, y esta es una enemistad más profunda y antigua que la de Clark Kent y Lex Luthor. El corazón se me desborda en c a d a l e t r a, en cada pensamiento, en cada mirada, en cada suspiro, en cada oportunidad, en cada promesa, todos los días, a toda hora... y sin embargo, el corazón sigue ahí.

A veces

A veces te confundo y siento que me entiendes....a veces te confundo y pienso que eras tu la de ayer...no se que pasa a veces....te quiero a veces...te odio a veces...te deseo a veces y luego no me quiero acercar... a veces, sólo a veces, puedo decir la verdad...la verdad es que no se que quiero... la verdad es que si se lo que quiero, pero me da miedo preguntarte si quieres lo mismo...sólo a veces tengo la claridad y la serenidad necesarias para saber que me equivoqué... a veces quisiera estar dormido, no sentir...sólo te veo a veces, y sólo a veces puedo sonreír...

lunes, 15 de marzo de 2010

La vida es más fácil, en serio que si

"Pues te cuento mijo, en la mañana por fin pudimos ir con los de Banorte a arreglar lo de mi tarjeta. Pero si fue toda una odisea, tuvimos que ir hasta allá por...¿por dónde Elena?" "Por Melchor Ocampo, por allá", interrumpe mi tía. "Si, hasta allá, y el maldito del taxi nos cobró 120 pesos, aunque la verdad si nos dejo ahí mero en la entrada. Ya ahí pude hablar con una señorita muy linda, Lilia, una tocaya, que me explicó que mi sucursal no era la de siempre, la de la casa, sino que en realidad era ésta dónde estábamos", prosiguió mi abuela, con el entusiasmo de alguien mucho más jóven.
Después de relatarme sus actividades del día martes (no sin antes prepararme con ayuda de mi tía una deliciosa cena que, para alguien de mi edad y que vive sólo, es un verdadero manjar, ya que mis habilidades culinarias son prácticamente nulas), mi abuela, mi tía y yo proseguimos a hablar de temas variados como el tráfico en la ciudad, el segundo piso (el cual es desconocido para mi abuela), la nueva línea del Metro que saldrá de Mixcoac, la salud de los diversos miembros de la familia, y en general de lo que sería considerado una plática de sobremesa sin mayor relevancia, resonancia, o interés de alguien ajeno a los participantes en ella. Sin embargo, el momento y la plática en si fueron del mayor interés e importancia para mí. Unos párrafos más abajo te diré por qué, no te impacientes.
Si algo se puede deducir de la manera y los temas sobre los que escribo, y si algo es obvio para aquellos que me conocen personalmente, es que soy un poco complicado. Juro que no es algo premeditado, ni es un intento de ser "diferente" o "único". Simplemente, en algo que creo se puede achacar a la manera en que se formó mi cerebro dentro del vientre materno, pienso constantemente en cosas totalmente desconectadas y ajenas entre si. Las analizo, las interiorizo, y usualmente, si la inspiración y el tiempo lo permiten, terminan en esta página de internet.
También las actividades que llevo a cabo son, por decirlo de alguna manera, variadas, intensas, e interesantes, al menos para este su humilde servidor. No me he dado tiempo en un par de años de relajarme, de vivir mundanamente, por describirlo de alguna manera. Viajes, fiestas, compromisos, trabajo. Todo pasa muy rápido, a veces dejando una estela feroz de desencanto, a veces dejando una alegría inconmensurable.
Sentado en esa mesa ubicada en una calle de la colonia El Reloj, cerca de donde pasé una muy buena parte de mi adolescencia tardía y de mi "adultez" temprana, no pude dejar de pensar que envidiaba demasiado a mi tía y a mi abuela. Tanto que, en términos "de los chavos", me ardí. Me ardió muchísimo mi incapacidad de no encontrarle la belleza y la aventura a las cuestiones cotidianas. Me ardió de sobremanera que he perdido la capacidad de asombro. Me ardió que cuando yo voy al banco, no establezco ningún vínculo con la persona que me atiende. Me cagó que a veces pienso que soy demasiado bueno para platicar 3 minutos con la señora que me vende lotería. Me exasperó que el culpable de que mi vida sea a veces tan dramática y complicada es el mismo que les escribe. Me desesperó que no me levanto todos los días con una mejor disposición para aprenderle a la vida, y no pensar que yo le voy a enseñar al mundo algo. Envidié terriblemente no ser simple, lineal, en la mejor de las acepciones de las dos últimas palabras.
Esto no significa, claro está, que ahora me dedicaré a saborear cada momentito de mi vida como si fuera el último, y que me enfocaré en las cosas pequeñas. Simplemente no puedo. Si trabajas en un banco, perdona, pero no vamos a platicar. Así soy.
Pero me levantaré cada día tratando de pensar que si no me como al mundo en cuestión de horas, no pasa nada. Hay que disfrutar un poco, la vida es demasiado corta para no hacerlo.
Un beso con todo el cariño de mi corazón para mis familiares incluídos en esta verborreica terapia escrita. Un saludo para ti que me lees.

domingo, 7 de marzo de 2010

Maciel, Precious, y la importancia de mostrar la verdad

Querid@s:

Acabo de ver la película Precious, y si bien la recomiendo ampliamente, debo advertir que es una película fuerte y desgarradora. Uno de los temas centrales es la pedofilia, y la película narra la historia de Clarice, una niña de 16 años que ha sido abusada sexual, física y psicológicamente por su familia prácticamente desde el momento de su nacimiento. Como mecanismo de defensa, Clarice se aleja de la realidad con sueños vívidos que le presentan una realidad muy diferente. En ellos, se percibe como una famosa celebridad, deseada por todos, pero sobretodo, querida por todos.
Al disfrutar la película no pude evitar remitirme a una noticia relevante en el país en la última semana: la confirmación sobre la paternidad de Marcial Maciel (fundador de la orden religiosa Legionarios de Cristo, para mis ateos lectores), y el testimonio de dos de sus hijos sobre el los abusos de índole sexual. En una cándida entrevista con la periodista Carmen Aristegui, los afectados recuentan de manera explícita los abusos que sufrían por parte de su padre, que incluían el forzarlos a masturbarlo bajo el pretexto de que sufría graves dolores en sus piernas.
Después de las declaraciones, varios portavoces de los Legionarios han comentado sobre las mismas, y en lo que considero un intento de desprestigiar a los hijos de Maciel, han tratado de socavar su integridad moral al declarar que uno de ellos había pedido 26 millones de dólares como compensación por los daños sufridos. Además, en un lenguaje de lo más ambiguo y cobarde, se han referido a dichos actos como "debilidades" del ya fallecido sacerdote. En la humilde opinión de este que escribe, el acto de abusar sexualmente de tus hijos difícilmente podría ser descrito como una "debilidad". Atrocidad es una palabra que me parece más apropiada.
¿Qué tienen que ver Clarice y Maciel? Tal vez no mucho (aparte del tema de la pedofilia), pero en la discusión posterior a la película que sostuve con una amiga que la vio conmigo, le expresé que me pareció increíblemente acertado que el director de Precious no sólo sugiriera los abusos a los cuales estaba sujeta Clarice, sino que los mostrara casi cabalmente en pantalla, en imágenes realmente perturbadoras. Pienso de la misma manera sobre las declaraciones de los hijos de Marcial Maciel. Para entender la gravedad de la pedofilia, necesitamos saber cuáles eran los sentimientos de dos menores violados que al mismo tiempo idolatraban a su padre (como todos nosotros de pequeños). Necesitamos saber de que manera el abusador iba torciendo la verdad para disimular sus intenciones. Necesitamos saber que obligaba a sus hijos a masturbarlo. Sino, los horrores de la pedofilia quedarán como una anécdota para una sociedad que está sobre-estimulada visualmente, la cual muchas veces se mantiene imperturbable ante los más terroríficos abusos.
Finalmente, en un tono más personal, pienso que mientras la Iglesia y demás instituciones se empeñen en utilizar un lenguaje incierto y poco preciso al referirse de abusos o ilícitos, la rendición de cuentas e impartición de justicia en este país (y en el mundo) no alcanzarán niveles óptimos. ¿Quiénes dentro de los Legionarios de Cristo conocían y toleraban la doble vida de Maciel? Porque es en extremo ingenuo pensar que nadie dentro de la orden sabía que el difunto sacerdote tenía "debilidades". ¿Serán llevados a la justicia? ¿Podrán las autoridades pertinentes establecer que estas personas son cómplices de un delito, independientemente de ser parte de una orden religiosa? De ahí que es importante mostrar la verdad: ya sea en imágenes, por escrito, hablándolas. Se requiere una definición precisa de los actos si se espera una acción legal (hasta moral) apropiada.
En la cinta, Clarice encara el mayor de los sufrimentos a través del crecimiento personal: aprende a leer y a escribir y se decide a criar a sus dos hijos (producto de violaciones de su padre). En el caso de los hijos de Maciel, esta no es una opción. Una compensación de índole económica tal vez no sea lo idóneo. Pero, ¿cómo borrar una violación? ¿Cuál es una retribución justa para el que ha sido ultrajado por su propio padre?
Esas respuestas no las tengo, pero se que si seguimos tratando de esconder la verdad, más lejos estaremos de ellas.
Gracias por la lectura.

domingo, 28 de febrero de 2010

Miradas

Tal vez el tiempo no se detuvo cuando te vi. No hubo parafernalia adicional durante los segundos en los cuales nuestras miradas se cruzaron. No sonó música de orquesta en el fondo, no fue tan evidente la mirada como para ser notada por los que estaban cercanos. Mi cerebro no hizo fast forward para encontrarnos en nuestra casa con niños corriendo mientras tu y yo sonreíamos: tu con vestido blanco y delantal, yo con Dockers y camisa a cuadros. No me imaginé envejeciendo contigo (no quiero envejecer aún). No vislumbré la posibilidad de morir juntos, o de morir de tristeza debido a tu prematura partida. Mi mundo no se movió.
Pero te he de confesar algo. Esa mirada hizo que instantáneamente perdiera los estribos. Sufrí de una ira incontenible. Y no fue por algo que le haya faltado al momento. En si fue perfecto. Pocas veces se encuentran momentos tan pacíficos en esta ciudad. No hubo ningún obstáculo entre tu y yo, no fue eso. Tampoco fue que notaste mi sonrisa y mi ruborización inmediata: no me da pena que mi cuerpo revele lo que pasa dentro de mi. Ni siquiera odio a la que asumo es tu amiga. Me imagino que lo que tenía que relatarte era de suma importancia, de ahí la premura con la cual te alejó de mi.
Enfurecido estuve porque duró muy poco. Exageradamente poco. Enfurecido estuve porque no te había mirado antes. Enfurecido estuve porque supe que tu también lo pensaste, y sin embargo ahora es prácticamente imposible volverte a encontrar. Colérico me torné, porque la cotidianeidad no me otorga momentos así muy a menudo. Enfurecido estoy escribiéndote esto porque no se donde estás. No se si tienes a alguien.
Enfurecido estoy porque, si bien no te imaginé en mi futuro, definitivamente te ofrecería mi presente.

domingo, 31 de enero de 2010

Confesiones

1) Te miento. Si, es un hecho, que a veces no te quiero decir toda la verdad sobre lo que acabas de preguntar, sobre lo que está pasando, sobre lo que estamos recordando. No recuerdo donde o cuando fue que inicié con tan terrible hábito, y lo peor es que después de un tiempo de hacerlo, se sintió muy bien. Yo me sentí muy bien. Prometería no hacerlo más, pero vamos a ser sinceros, nuevamente te estaría engañando.
2) Te quiero. Desde hace muchas noches y varios días tengo un sentimiento por ti que rebasa los límites de lo socialmente-bien-visto, y me causas un deseo que es difícil de reprimir. Es todo sobre ti: tu cara, tus ojos, tu risa, tu manera de joder, tu sentido del humor y de la moda, tus errores, tus fallas cíclicas, tu tropezar con la misma piedra, tus enojos, tus desplantes, tus cambios de humor, tu indiferencia, tus acercamientos. La duda que haces crecer en mí.
3) No eres indispensable. Tal vez por momentos pareciera que si, pero he llegado a la conclusión que no moriría si es que me faltaras. Encontraría algo o alguien que llenara tu vacío. Me he entrenado en esas artes, algunos dirían que soy un maestro. Claro que te lloraré, y te ofreceré varias lunas de luto. Pero no más. Porque no puedo, porque sería demasiado dejarlo todo en tus manos: mis ilusiones, mis sueños, mi día a día, mi corazón. ¿No crees?
4) Quiero escapar... de todo y de todos, de las causas de mi malestar, del origen de mi felicidad, de mis vicios, del interminable ciclo sentir-pensar-comentar-analizar-aprender-desechar lo malo. ¡Estoy verdaderamente harto! Es a veces demasiado trabajo, aunque no se si concuerdes conmigo (y tampoco estoy tan seguro que me importe).
5) A veces quiero salir de la cama, y a veces no. Se que probablemente tu has sentido lo mismo. Hay días que simplemente no me inspiran a hacer nada, no me inspiran a ser-alguien-para-algo-o-alguien-más. Simplemente quiero dejar transcurrir el tiempo y las horas. ¿Cómo se hace nada? ¿Qué significa eso? ¿No será eso una contradicción en términos? Al ser, hago, y si dejo de ser, no podría escribirte esto en mi blog ni llevar a cabo funciones aún más vitales como respirar. Siento que nunca he hecho nada. ¡Qué triste!
6) Quiero tener a alguien, pero al mismo tiempo no estoy listo a limitar mi libertad, por lo cual soy, simplemente, contradictorio. Y el pensar en eso no hace más que desgastar mis neuronas. ¿Necesitaré una nueva filosofía de vida? ¿Algo similar a déjate llevar, vive el momento, ¡qué diablos!? Para alguien como yo (y tu sabes a lo que me refiero con ese como yo) resulta imposible seguir esas líneas de comportamiento.
7)No eres tu a quien va dirigida esta entrada. Aunque pienses que si, y mientras lo leas tu corazón se agrande y se llene de esperanza y llegues a decir en voz alta "es para mí, TIENE que ser para mi", estas equivocada. O equivocado. No te puedo dar más pistas. Sólo ten por seguro que no es para ti.
8) Tengo una debilidad por querer las cosas que no puedo tener. Para ser más específicos, me enamoro de las imposibles. Creo que todos los hombres tenemos esta tendencia. Pero en mí definitivamente es más marcada. Por ende mantengo estándares irreales sobre lo que la "mujer para mí" es o debería de ser. Esto último siempre me ha puesto a pensar. En un planeta de más de 6 mil millones de personas, ¿existe sólo una mujer para mí? ¿O una por continente, país, estado, ciudad, código postal?
Ojalá que al pasar de los años, cuando me acuerde de estos momentos, me acuerde bien. Sin lagunas, ni chocheos. Eso creo que es lo más coherente y sensato que le puedo pedir a la vida. Lo demás es accesorio.